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La Batalla de las Puerta Susurrante fue la primera batalla en la que participaron los Eternos de la Tormenta, el inicio de la contraofensiva de Sigmar tras su derrota en la Batalla de los Cielos Ardientes, y la victoria del bando sigmarita supuso el inicio de la Era de Sigmar.

Batalla por la puerta entre Los Martillos de Sigmar y la Marea de Sangre de Khorne.

La Batalla de la Puerta Susurrante

Antecedentes Editar

Tras su retiro a Azyr, Sigmar bloqueó mágicamente los portales que llevaban a su reino, siendo necesario que se abrieran simultáneamente desde ambos lados para romper su clausura. Aunque podía desplegar a sus Eternos en cualquier reino mediante sus rayos divinos, sus poderes no le permitían desplegar simultáneamente sus recién creadas legiones dado el enorme número de las mismas. Además este método no permitía participar al resto de ejercitos que aguardaban en Azyr, formados principalmente por humanos, Aelfos y Duardin. Por todo esto, era necesario enviar vanguardias de Eternos que conquistaran y fortificaran los distintos portales a Azyr para, posteriormente, abrirlos y enviar el grueso de las fuerzas. El portal elegido para iniciar esta gran ofensiva se encontraba en la Península de Brimstone, una región de Aqshy.

Fuerzas en Combate Editar

Fuerzas del Orden Editar

Vandus Manomartillo al mando de una Hermandad del Trueno formada por miembros de los Manosmartillo. Le acompaña el Lord Despojador Ionus Criptogénito.

Fuerzas del Caos Editar

Terreno Editar

Batalla Editar

Consecuencias Editar

Relato Editar

Durante eones, las tribus de montañeses errantes han contado con voz queda la leyenda de un portal misterioso. Se dice que antaño, en los días de los mitos, era posible ascender una antigua escalera de piedra y cruzar la Puerta Susurrante para viajar a tierras remotas. Bastaba acercarse a aquel aro místico para sentir su extraño poder, y se podían oír murmullos que llamaban desde el otro lado del portal titilante.

Sin embargo, los montañeses abandonaron aquella región, pues se había convertido en un lugar maligno. Se habían erigido ídolos oscuros ante la puerta y partidas de guerra saqueadoras se reunían tras sus batidas para perpetrar ritos blasfemos ante los altos monolitos.


Todo eso cambió con el sonido del trueno...


Cayeron relámpagos del cielo, y con cada uno de ellos aparecía una Hueste de la Tormenta tras otra, una cámara tras otra. Los Eternos de la Tormenta habían llegado, aún envueltos en relámpagos. Sus armas y ojos refulgían, iluminados como por el fuego de la venganza.

Aquella batalla fue grandiosa, pues los Blood Ravager eran muchos y sus filas contaban con legiones demoníacas. La batalla fue reñida y ardua, porque cada nueva amenaza, ya fuera un gran demonio, una bestia mecánica o caballería sobre monstruos broncíneos, se topaca con más Eternos de la Tormenta.

Al fin, merced al poder de sus armas y a su furia justiciera, los Eternos de la Tormenta vencieron, si bien fue un triunfo costoso. Habían perecido cientos de sus hermanos blindados, machacados por garras, abrasados por el fuego demoníaco o mutilados por hachas infernales. Cuando la batalla tocó a su fin, las pilas de los muertos eran altas, aunque entre aquella carnicería no quedaba rastro de los Vástagos de Sigmar caídos.

FuentesEditar

Warhammer: Age of Sigmar - Libro