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El Reino de Hysh, también llamado el Reino de la Luz, es uno de los ocho Reinos Mortales. Las energías de Hysh resplandecen con una luz tal que iluminan incluso los rincones más lejanos del cosmos. Lo mejor del Reino de la Luz es que es el lugar de intelecto e eiluminación universales. Lo peor es que su luz ciega y es hipnótica: a quienes les aturden sus propiasobsesiones halla allí una extraña oscuridad. Desde la Era del Caos sus tierras conforman símbolos y formas de significados ocultos.

EL Reino de la LuzEditar

La historia de Hysh es peculiar, y no hay mente que la entienda bien, a excepción de la del propio Señor de la Iluminación. El reino fue en tiempos tan multicefálico como una piedra preciosa o delicada estructura de papel, y sus diversas tierras compuestas se entrecruzaban como franjas de luz capaces de dar volteretas, de cambiar cada vez que la lógica daba un salto o sus habitantes concebían un pensamiento puro. Era entonces el más virginal de los reinos, su magia blanca era inmaculada, libre de relucir allí donde los sentidos mortales pudieran apreciarla. Pero no hay reino, salvo Azyr , al margen de la sed de los Dioses Oscuros , e incluso los Diez Paraísos de Hysh han sufrido largo tiempo la maldad agotadora del Caos.

Hysh

Diez Paraísos de Hysh

Reino del simbolismo y enriquecedores conocimientos aritméticos, los planos entrecruzados de Hysh están habitados por gentes a quienes la propia naturaleza de su tierra natal eleva a un pensamiento superior. La mayor parte de sus habitantes se inclinan por la razón y la simetría. Incluso las tribus mudas de las cuevas de cristal son dadas a largos periodos de introspección, y las paredes de sus túneles están cubiertas de complejos diagramas.

Desde el despertar de Lord Tyrion y su hermano Teclis , y de la expansión de su influencia y dominio, los Diez Paraísos de Hysh se han convertido en hogar de muchas nuevas culturas de aelves, mientras que los imperios y ciudades fundados por los arquitectos y sabios humanos de Hysh fueron antaño los mayores de todos los Reinos Mortales. Pero estas ciudades han desaparecido ya a manos de la anarquía y las matanzas que han traído las hordas salvajes de los Dioeses Oscuros, derruidas sus espléndidas columnas. La conquista que hicieron de Hysh fue mucho más dolorosa que las invasiones de Aqshy, Ghur o Shyish.

La energía mágica de Hysh no se fusiona con los depósitos de piedra del reino como sucede con los demás reinos, sino que viaja por las tierras y cielos como haces de pura luz blanca y amarilla. Cuando los videntes de Hysh aprendieron a goberanrlos y transformarlos en prismas mágicamente translúcidos, se ideó el compuesto equivalente a piedra del reino llamado aetercuarzo. Enseguida se convirtió en un recurso muy buscado, y las cuentas que recuerdan a piedras preciosas, las joyas y los collares hechos con esta increíble sustancia adoptaron el valor de moneda a cambio entre las tierras.

Quienes llevaban joyas de aetercuarzo descubrieron que las piedras absorbían esa luz y se iban volviendo opacas; y a su vez sus intelectos florecían a gran velocidad y sus movimientos cobraban agilidad, porque la sustancia de Hysh presta rapidez a la mente y a los reflejos por igual.

Los gobernantes y líderes de cada paraíso lograron abudante éxito y progreso, las torres y pilares de Hysh alcanzabn el cielo. Había, sin embargo, cierta competencia entre las mentes más brillantes, los sabios y magos más inventivos del reino.

Algunos estaban por encima de estas preocupaciones mortales, y se iluminaron de tal modo en la consecución del arte que trascienderon por completo la mortalidad. Las mentes más heroicas y avanzadas se convirtieron en deidades alejadas de preocupaciones mundanas.

Otros, no obstante, comprobaron que el poder que tenían entre manos sacaba a la luz sus debilidades. La atracción del orgullo y la búsqueda de la perfección mezclados crearon un espectro de cualidades dañinas. Al principio las ocultaron, pero a medida que la competición por ser el más puro e inteligente se hizo más reñida, quedaron al descubierto. Hubo un tiempo en que la rivalidad amistosa entre dos sabios podía llevarlos a elevar a nuevas cotas las columnas donde meditaban, o hacía que sus túnicas se volviesen más blancas, más luminosas que las de sus contemporáneos.

Poco a poco se volvieron más egocéntricos y arrogantes a medida que dependieron más del aetercuarzo para alcanzar mayores registros de agilidad mentral, y su noble demanda adquirió visos de adicción. La imagen lo era todo, y no había truco o acto de sabotaje que quedase al margen en la cruzada por aparentar ser el más iluminado. Esta obsesión atrajo a los seguidores de Slaanesh, cuya influencia se abrió paso en los corazones y las mentes de quienes moraban en los Diez Paraísos, y dio comienzo la corrupción de la luz pura de Hysh.

Desde la llegada de la Era de Sigmar, Hysh ha pasado de ser la tierra de la lógica y el orden a convertirse en un erial de sueños rotos y estatuas quebradas. Aquello que no fue derribado por la sutil maldición del Caos lo ha roto la violencia de la guerra abierta. Se dice que Lord Tyrion reúne sus fuerzas para emprender una gran reconquista, pero, de momento, la salvación no es más que un sueño.


La Iluminación de los DiosesEditar

Los dioses de los Reinos Mortales no son omniscientes; ni siquiera Lord Tyrion, que fisicamente es ciego, pero puede recurrir al aeter con una docena de sentidos distintos, e incluso arrancar visiones del vacío. Una deidad no puede ejercer influencia en un reino sin disfrutar de cierta presencia allí, y suele ser por medio de sus fieles que extiende sus poderes. La fe es una senda de doble sentido, dicen, porque igual que el fiel recibe el poder que le otorga su deidad en tiempos de necesidad, también el dios recibe poder gracias a los actos devotos practicados por quienes creen en su existencia. Cuanta más gente le rinda homenaje, cuantas más almas se entreguen ciegamente a su credo, más poderoso será. Igual que un Portal permite a alguien moverse de un reino a otro, un alma devota permite a un dios trasladar cierta cantidad de su poder a un mundo mortal. Un templo o sitio de culto puede ejercer un efecto similar, pero nada sistituye a la fe ciega de quien cree de verdad. Es a través de gente así que los dioses obran milagros. Es más, son capaces de ver a través de sus ojos. Literalmente, en ciertos casos. El Dios Rey Sigmar no pudo percibir del todo bien las Torres de Turmalina, geométricos pilares de Hysh, hasta que los siempres fieles Lord-Relictors de los Tempest Lords salvaron los mortíferos haces de luz que refractaban entre sí. Al llevar la fe de Sigmar a esos rincones ignorantes, los sacerdotes del credo del Dios Rey le proporcionaron un centro para extender su alcance, permitiéndole orquestar una poderosa tormenta celestial en la región. Así fue cómo Sigmar inclinó la blanza entre aelves, Stormcasts y hedonistas slaaneshianos que había puesto en jaque la zona desde hacía meses. Lazos similares de energía espiritual vinculan a todo sacerdote y deidad en todos los reinos. Así es cómo logra la fe verdadera cambiar un mundo.

FuentesEditar